Laics en el món, testimonis d’esperança

Montserrat-Esquerda
María Jesús Ramos 21-03-2025

El pasado día 8 de marzo, tuve el placer de estar, con otras 250 personas de todas las diócesis catalanas, en un encuentro del laicado en Montserrat.

Fue un día completo, estimulante, jugoso..., envueltos en la nube del Espíritu (una niebla persistente nos envolvía) y éramos conscientes de la gran comunidad que estábamos viviendo y construyendo y reforzando.

No voy a hacer la crónica del día, pero hay algo que saltó a mi memoria y corazón, en el presente y hacia al pasado también.
En la estupenda charla de la Doctora Montserrat Esquerda: Laics en el món, testimonis d’esperança, me sacudió una idea que la ponente lanzaba desde la antropología y que ilustró con una anécdota personal.

 

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Hablaba de la forma de entender la persona, su dignidad, su humanidad. Contaba cómo una persona le había relatado que una de las maneras que tenían los antropólogos para catalogar restos antropoides de personas o grupos prehistóricos, era detectar en ellos y/ o a través ellos signos de respeto, de humanidad. Señalaba el hecho de haber encontrado restos fosilizados en los que se apreciaba que el sujeto había sido curado cuidadosamente de heridas o males que él solo, con toda evidencia, no había podido cuidarse solo.

Esto me recordó, con cierta emoción, que cuando estudiaba esta materia en Santiago de Compostela, (ciudad muy amada en el recuerdo), una de las pruebas que nos señalaban los profesores para asegurar que “eso” que teníamos delante era “alguien” y no un “homínido” aún sin acabar de evolucionar, sino un verdadero “homo sapiens”, era el cuidado con el que se sepultaba a los muertos. Cuidadosamente colocados, con sus armas (cazadores), con sus adornos (mujeres), con sus juguetes (niños). En algunos casos se percibía una cierta veneración y respeto. Como queriendo no olvidar.

También me hizo recordar una noticia que hace unos años se divulgó desde el yacimiento de Atapuerca: se había descubierto una tumba de una niña, aproximadamente de unos 12 años,. Era un enterramiento cuidadoso, y tras examinarla llamó la atención  que los restos presentaban unas malformaciones óseas, que parecían ser la causa de su muerte. Al realizar análisis para determinar el tipo de enfermedad, descubrieron que ésta era una dolencia que normalmente se presenta al nacer o en los primeros meses de vida.

El asombro fue descubrir que aquella criatura no fue sacrificada, ni abandonada, ni rechazada ni por la familia ni por la tribu. Era evidente que fue cuidada, llegando hasta la preadolescencia. Fue considerada como parte del grupo que, con su acción, se mostraba como plenamente humano. Consuela pensar que hemos tenido unos antepasados misericordiosos.

El mensaje que todo esto me ha dejado, desde la charla de la doctora Esquerda, y de mis propios recuerdos y datos, es que los cristianos laicos en este mundo hemos de ser creadores de humanidad, vehículos de dignificación de todo lo humano, formadores con nuestra vida para todos los que nos rodean..., ¡buen reto!

Fue un día rico en acontecimientos y contenidos; no se si todos sacamos las mismas conclusiones, ni nos quedamos con las mismas ideas y motivaciones, pero yo me quedé con ésta.

Y os la cuento

María Jesús Ramos Narro

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