Conexiones

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María Jesús Ramos 02-06-2024

A veces da la impresión de que los cambios del conocimiento y de la cultura, en lugar de reducir nuestro horizonte, como dicen algunos críticos pesimistas, lo amplían y alargan.

Sí, si uno se para a mirar, a observar, a valorar..., se percibe que el ser humano no es fácil de detener, de desviar o de aplastar..., no siempre.

He aprendido eso, con agradable sorpresa, a pesar de las dificultades. Sí, en medio de la paliza mundial que supuso la pandemia, se han desarrollado rápidamente todo tipo de medios de comunicación, de información, de formación, de contacto humano. Todo esto hace pensar que, en medio del confinamiento y el obligado aislamiento, NO EST AMOS SOLOS. Claro que, como en todas las opciones humanas, siempre hay “vasos medio llenos” y “vasos medio vacíos”. Pero, creo sinceramente, que hemos aprendido a identificar las opciones y a decidir. Hemos aprendido muchos a no quedarnos “sentados en la cuneta”.

Esta es mi experiencia y os la cuento.

La revolución informática y otras revoluciones de comunicación, me habían cogido hace algunos años, un poquito mayor y algo oxidada y perezosa para cambiar los medios habituales, muy conocidos y queridos, de aprendizaje y cultura. Creo que, al percatarme y por puro amor propio, me dispuse a aprender; y fui avanzando lentamente..., hasta que llegó el virus.

A partir de entonces, la velocidad a la que me vi obligada a avanzar (sencillamente no para quedarme en mi sitio, sino para no retroceder), me asustó. Pero también me asombró y estimuló.

Y, entre otras cosas, he ido descubriendo rápidamente la riqueza de las conexiones con grupos, el acceso a charlas, mesas redondas y conferencias, actos públicos, sociales y religiosos, espectáculos masivos y conversaciones privadas... así como la recuperación del trabajo en equipo, no menos eficaz aunque a distancia.

Cuando un día me vi conectada en conversación profunda con gentes de varios lugares de Europa y, América; y, en otro momento, me llegó la conexión para una conferencia en Córdoba (Argentina), di gracias a Dios con toda la intensidad y alegría de que fui capaz. Me acordé de las palabras de la Escritura que nos avisa: “que Dios puede sacar de las piedras hijos de Abrahán”

Para acabar esta larga confesión, este largo recuento de experiencias que pueden ser similares al de muchos que lo leéis (oigo mentalmente algunas voces que dicen: ¡qué me vas a contar!), compartiré algunas de las ideas e impulsos que dejó en mí una de las últimas conexiones.

De un seminario titulado La madurez como camino de integración, rememoro aquí la última sesión que es la penúltima del ciclo: Integrar memoria y gratitud.

De todo lo que dijo la ponente, que lleva años trabajando sobre la psicología de la gratitud, destaco algunas ideas estimulantes:

Todo en la vida es memoria, como dice Casaldàliga. Nuestra memoria no se mueve sólo en el pasado; yo recuerdo un suceso, o una persona de ayer, o hace unos días..., pero hago memoria del trabajo que he de hacer, de la persona con la que estoy deseando encontrarme. La memoria me refuerza lo pasado, a veces con dolor y a veces con gratitud, pero me anticipa la inquietud o la alegría que me espera.

De la gratitud que, según Cicerón, es la mayor de las virtudes, y que, según la psicología, es una emoción y una actitud, dijo la ponente que si nos abrimos a ella se convierte en una forma de ser y de vivir.

Tiene, además, asombrosos efectos físicos, psíquicos y espirituales. Por ejemplo: disminuye la presión arterial, mejora la inmunología, mejora el sueño, agudiza nuestra atención, amplifica la mirada positiva sobre lo cotidiano; crece con la comunicación, con la frecuencia, con la intensidad, con la amplitud, con la reflexión ante Dios y ante los hermanos....Y cuando se posee es fácil de comunicar de muchas y creativas maneras.

¿Recordáis la canción de Violeta Parra, Gracias a la vida que me ha dado tanto?

Y también, si lo pensamos bien no necesitamos muchas conferencias cuando la sabiduría popular nos recuerda que Quien es agradecido es bien nacido.

Recordemos que la memoria acompaña, refuerza y, con su persistencia, hace crecer la gratitud y LA PERSONA.

María Jesús Ramos Narro

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