Teología de la relación, José Manuel Andueza Soteras, Editorial PPC, 2018.
Con distintos grupos he leído, releído y trabajado, a veces partes, a veces todo, el Documento Final del Sínodo 2021-2024.
Desde el comienzo vi que este documento estaba orientado en clave de conversión. Me hizo pensar. Y cuando llegué a la Parte II: En la barca juntos, me impactó especialmente el subtítulo: La conversión de las relaciones.
Tenía entre manos desde hacía poco tiempo, leyéndolo despacio, un libro que me llevé (con permiso) de la mesa de publicaciones que hay en el piso alto, junto a secretaría y frente al ascensor, de los locales de Sant Pau del Camp, en donde algunos de nosotros asistimos a frecuentes actos y convocatorias. El libro del que hablo es el que os cito en el encabezamiento de estas líneas: Teología de las relaciones.
Volví a coger el libro, con más ganas, ya que no había acabado su lectura. La verdad es que un libro de teología no suele abrirse para leerlo de una tirada. Muchas veces se toma para cimentar algún conocimiento concreto y profundizarlo; otras veces, y este fue el motivo, con el deseo de profundizar en el término relación y alimentar mutuamente el conocimiento de los dos textos. También para aprovechar la convergencia de ambos y retomar un modo de oración: la oración de intercesión. Un modo que me gusta mucho y que me ayuda a situarme en diálogo con el Amigo (como diría santa Teresa), hablando juntos de otros amigos y amigas, a quienes queremos, recordamos y bendecimos. Bendecir = decir bien...
Cuando estaba en esto me encontré conectada, por radio, con una amplia, diremos, mesa redonda muy participativa en la que se barajaban diversas opiniones y ejemplos de educación. No educación académica sino esa virtud humana que nos debemos los unos a los otros. Al hilo de lo que estaba escuchando se me redondeó el tema de la relación humana, sana, deseable y constructiva.
También se me despertó una pequeña idea: no es lo mismo, en la convivencia humana, educación y corrección, aunque las dos coincidan. Para mí la educación en el trato nace de dentro, de la atención mutua, de la valoración, de la estima. Contemplo la corrección como una forma de trato básica, necesaria pero que no siempre nace de la consideración mutua, y que puede quedarse en el cumplimiento de normas exquisitas, sin profundizar en el conocimiento de la persona que se tiene delante. Se puede tener un elegante e impecable trato...y quedar bien...
No sé si he hilado muy fino y me he pasado de crítica, pero como me he encontrado a lo largo de los años con algunos ejemplos, e incluso he oído defender la prioridad de las formas, me quedo libremente con mi idea.
María Jesús Ramos