Mi querido amigo: en medio de esta larga Pandemia me pides unas palabras de esperanza. Sabes que yo soy ya más bien hombre de recuerdos, al que los años hacen mirar atrás; eso sí, con serenidad y gratitud. También sabes que la esperanza no existe suelta, por los aires, sólo existen personas esperanzadas. Esperar es un reto individual, también una oferta maravillosa, indispensable para seguir viviendo, añadiría yo. También sabemos tú y yo, escarmentados de tantas promesas y desengaños, que no se suele conseguir con simples palabras de esperanza. Por eso, apaguemos las palabras y los alientos fervorosos, y caminemos juntos, respiremos, abramos el alma a estas realidades, a veces desconocidas, a veces olvidadas: Yo las llamaría:
Los siete Sacramentos de la Esperanza
- Que hay en tu vida, dentro de ti, el Ser que más te quiere, te busca y te habita: Un Padre Dios amoroso siempre esperándote.
- Que aún en la vida hay gente querida que te puede hacer feliz y a la que haces feliz con tu vida y tu cariño
- Que cada mañana llama a tu puerta la luz del sol, que cada día es un nuevo regalo, una carta de amor de tu Creador y Redentor.
- Que, si te miras bien, aún te queda una sonrisa, unas monedas, unas fuerzas por repartir entre los que rodean y te necesitan
- Que, si miras al horizonte, aun te quedan caminos por andar, metas por alcanzar, sueños por realizar. ¿O te quieres bajar en lo mejor de la aventura?
- Que eres un sueño de Dios, y aun no lo has realizado: aun te quedan asignaturas pendientes en tu vida: ideales y proyectos de juventud. ¿No lo notas en el hambre, la sed, la insatisfacción que llevas en tu alma?
- Porque aun te queda dentro un niño perdido al que los años dejaron atrás. ¿No te gustaría volver a empezar? Créeme, amigo, ¿quieres que volvamos a jugar en aquel patio del colegio, como lo hacíamos de niños?
Por Juan Antonio Castañeda
Consiliario y fundador de Vida Ascendente