Todos los pájaros

dg., 10/12/2023
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Acostumbro a leer obras de teatro. Ya se que no es usual, pero me gusta situar la historia en mi propio imaginario. Resulta grato la mayor parte de las veces. Esta vez  ha sido como un examen, como un acto de contrición. Me explicaré.

La obra es, Todos pájaros. De Wajdi Mouawad. Ediciones La uÑa RoTa, Segovia. Lo encontré en castellano, no se si ha sido traducido al catalán. El original está en francés.

Wajdi Mouawad es un actor, director, escritor de teatro, libanés nacido en Beirut en 1968. Durante la guerra civil libanesa, su familia se exilió a Francia. El tenia 10 años. Tiempo después se instaló en Quebec, en donde se graduó en la Escuela Nacional de Teatro de Canadá. Dirigió un teatro en Montreal y fundó dos compañías de creación teatral, una en Canadá y otra en Francia. Para el Festival de Avignon de 2009, creó la tetralogía La sangre de las promesas, formada por las obras: Litoral, Incendios, Bosques y Cielos. Todas ellas traducidas al catalán y representadas en Barcelona entre 2012 y 2017. Desde 2016 dirige el Teatro Nacional de La Colline de Paris. Sus obras se han traducido a una veintena de idiomas. 

Esta obra que hoy comento, fue creada para el teatro de La Colline y representada en 2017. El autor, fiel a su visión comprometida con el mundo actual, aborda el conflicto israelí-palestino. Trata hechos, conflictos y estallidos pasados pero, desgraciadamente, la obra se lee hoy como un todo no cambiado ni superado.

Todos pájaros es la historia de Eitan y Wahida, que se conocen y enamoran en un campus universitario de Nueva York. Wahida es una estudiante árabe norteamericana. Eitan es un joven científico alemán de origen israelí. No hay conflicto entre ellos. Este estalla cuando él presenta la novia a sus padres y abuelo.

Y tras este encuentro en el que se dicen, y no se dicen, palabras se plantean preguntas y se vislumbran secretos, los dos jóvenes viajan a Israel. Eitan pretende encontrar allí a su abuela, divorciada  hace mucho del abuelo, para buscar en ella respuestas. Eitan es herido en un atentado y Wahida avisa a la familia.

Al encontrarse ahora, atrapados por dos atentados y sus respuestas sangrientas, las posturas de los personajes se radicalizan; surgen los rechazos, los odios, los reproches ancestrales..., los hechos pasados y actuales se cuentan y trasmiten de maneras distintas y contradictorias. Se descubren mentiras...

La obra es una defensa del amor, de la concordia, del diálogo, de la búsqueda de la verdad. Pero es una búsqueda, no un encuentro. Y, así, la obra resulta a ratos muy dura de leer. Duele. En boca de una joven soldado israelí se ponen estas palabras: “¿Cómo olvidar lo que nos hacen y cómo olvidar lo que les hacemos?... aunque no hay esperanza... hay que obligar a hablar a los que se callan, ¡hay que acabar con esta situación intolerable de la Historia!”

No os recomiendo que leáis el libro. Repito que es muy duro y duele, pero está escrito desde muy dentro. Solo quiero compartir este pedazo de ficción que tanto nos refleja la realidad. Lo he leído pensando en estos días, en estas noticias. Casi rezándolo, como un acto de contrición.

Me ha emocionado la última página del libro. En ella el autor enumera los nombres de las ochenta y cuatro personas que forman, lo que él llama “la tribu permanente de La Colline”. Las he leído y he encontrado nombres europeos, muchos franceses, pero también orientales . He creído reconocer a un chino y un vietnamita. He encontrado muchos nombres y apellidos árabes y judíos.

Me emocionó.

María Jesús Narro